Aprobada mediante Resolución No.1441-9 de Julio de 1998 Del Ministerio del Interior de Bogotá - Colombia.

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Un Pastor se Preocupa por su Esposa.

PREGUNTA:

Soy pastor y he notado a mi esposa muy apática al ministerio desde hace algunos meses. Cuando he tratado de ayudarla se molesta. Si se tratara de un miembro regular de la iglesia quizá sabría hacer algo, pero con ella he agotado todos los recursos que tengo a la mano. ¿Qué debo hacer para que se anime como antes?

RESPUESTA:


No siempre la tarea pastoral es vista en la misma dimensión por la esposa. La mujer es primero esposa de un hombre, y luego esposa del pastor. A veces los pastores funcionamos eficientemente en el ministerio, pero nos perdemos como hombres para nuestras esposas y ellas comienzan a ver el ministerio como el elemento que compite con ellas por atención. Muchas veces yo me he encontrado al hablar o compartir con mi esposa monotemático. En la Iglesia y en el hogar, el tema es el mismo: los problemas que tiene Pedro, las dificultades de Juana, lo bien o mal que resulto la predicación. Si nos llaman por teléfono acerca de un problema, no vacilamos en orar por teléfono con la persona, pero no oramos con la esposa por asuntos propios de ella o de pareja ¿No es lógico que se vuelva apática hacia el ministerio?

 

Vale la pena también mirar lo siguiente ¿Usted considera a su esposa como pastora y quiere verla funcionar en esa dimensión? Si de novios la conoció como pastora podríamos esperar algo así, pero si así no fue ¿Usted cree que ella debe tener el mismo llamado suyo? No menciona hijos en su mail ni cuánto tiempo de matrimonio tienen. A veces llega el tiempo en que la pareja debe extenderse con los hijos y esto trae un nuevo aire a la vida familiar.

 

También es necesario mirarla en su dimensión como mujer ¿Están sus necesidades totales satisfechas? Aprecio, aceptación, admiración, una asignación de dinero para sus gastos personales (sin necesidad de informar en que lo gasta), vida sexual. Le sugiero el siguiente ejercicio, aparte de orar y ayunar que seguramente lo ha hecho:

 

Invite a su esposa a cenar en algún lugar bonito y dígale que desea tener un tiempo de diálogo con ella. Al término de la cena, dígale que harán un juego de comunicación.

 

Dígale que ambos tendrán la libertad para decirle al otro 5 cosas que más le disgusten en la relación, con el compromiso de no defenderse ni corregir o interrumpir al otro. Luego, decirse mutuamente, cuales son las 5 cosas que más le gustan del otro. Esto preparara el ambiente para lo último.

 

Ahora es el tiempo para que el uno le pregunte al otro ¿Qué cosas crees que yo debería hacer para cambiar esas 5 cosas que no te gustan de mí y que yo hago o digo?

 

Lo que rompe la incomunicación en la pareja es la libertad para decir lo que pienso, lo que deseo, lo que me gusta y no me gusta, sin temor a ser rechazado. En términos bíblicos esto corresponde a: "Cada uno hable la verdad con su prójimo en amor" y abre espacios para el perdón y la renovación. No olvide que los varones debemos amar a nuestras esposas como Cristo amó a la Iglesia y eso significa colocarlas a ellas como prioridad. El cuidado de nuestra casa es tan o más importante que cuidar la Iglesia.

 

Animo y adelante.