Aprobada mediante Resolución No.1441-9 de Julio de 1998 Del Ministerio del Interior de Bogotá - Colombia.

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Jhon Túquerres

Jhon Túquerres

Todos pensamos que escuchar es importante, pero ¿cuántos de nosotros lo hacemos bien?Dicen por ahí: “Dios nos dio una boca y dos oídos para escuchar el doble de lo que hablamos", pero ¿cuántos de nosotros ponemos en práctica esta habilidad? Como hijos de Dios debemos estar capacitados y dispuestos para ayudar a quien lo necesite. En varias ocasiones, personas con problemas vienen a nosotros porque saben que somos cristianos y necesitan de un buen consejo, pero ¿cómo los vamos a aconsejar si fallamos en algo tan primordial que es el saber escuchar?

Cuando supe que sería papá sentí (en medio de muchos nervios y expectativas) una gratitud que iba aumentando con los días, pues me sentía honrado por el Creador, por el Padre Dios. Y comprendí que esa honra es una hermosa oportunidad para madurar, para dar el siguiente paso, pues como enseñó el pastor Adrián Rogers: "Es difícil ser un buen hombre. Es aún más difícil ser un buen esposo. Pero lo más difícil de todo es ser un buen padre. Y sin embargo el ser un buen padre es lo más importante".

Como una roca firme ante violentas corrientes de aguas, así es el gozo del cristiano: se mantiene en medio de todo tipo de circunstancias. Un estado así es sobrenatural porque la capacidad de agradecer con verdadera paz y alegría, pase lo que pase, solo viene de Dios; el gozo es un resultado, un fruto de nuestra relación dependiente del Espíritu Santo en cada acción y decisión en el diario vivir.


Pero, por si fuera poco, el gozo del Señor permite experimentar libertad, en todo el sentido de su significado: no seremos esclavos ni de los pensamientos ni de las emociones de otros... ni de las de nosotros mismos. Podremos recordar nuestro pasado sin culpas ni temores; podremos afrontar toda circunstancia del presente con gratitud y amor, y podremos encarar el futuro con la fe y la humildad necesarias para una vida plena.


Si tú, querido hermano o hermana caminas por la vida siendo controlado por el fruto del gozo ¡tú mismo serás beneficiado(a)! Pues no habrá circunstancia, palabra, emoción ni pensamiento que te quite la alegría de estar en las poderosas manos de Dios, gozando de la paz que sobrepasa todo entendimiento, y que te mantiene libre de todo afán y ansiedad.


Nuestro Dios ordena que permanezcamos gozosos. "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo ¡Regocijaos!" (Filipenses 4:4); así se expresaba el apóstol Pablo desde una prisión, con sus enemigos respirando en su cuello, atado a cadenas y bajo otros tratos inhumanos. Sus palabras nos explican cuál es la razón, el fundamento de nuestra infinita alegría: el Señor Jesús, su amor sacrificial, su poder sin límites, su verdad absoluta y su misericordia sin cesar. Es por eso que creer y seguir a Jesús es la verdadera libertad.

Alguna vez el Señor Jesús se comparó a sí mismo con una perla preciosa, por quien un experto en perlas sería capaz de venderlo todo (San Mateo 13:45,46). Al analizar la actitud del mercader, la Biblia nos muestra que nuestra vida es una búsqueda constante; buscamos lo que a nuestro parecer es lo mejor: el mejor amigo(a), novio(a), trabajo, familia, carro, casa... Buscamos conforme a nuestro gusto, deseo y criterio: encajar en un grupo de amigos, una filosofía de vida y repuestas a las mayores inquietudes (quién soy, de dónde vengo y a dónde voy).

Satanás es todo un maestro del disfraz. La Biblia denuncia que este enemigo "se disfraza como ángel de luz" (2 Corintios 11:14) y su obsesión por engañar ha hecho daño desde el comienzo del universo. Por eso no es extraño que en nuestros días, temas tan retorcidos y oscuros como el vampirismo, los muertos vivientes, la hechicería, los espíritus de culturas ancestrales, entre otros, estén de moda y de ellos se hagan películas y series, se convoquen festivales urbanos y eventos "culturales" en su honor, estén en los textos escolares de nuestros niños y hasta se hagan juguetes y accesorios que adultos compran sin ningún temor.

Una de las situaciones más tristes de la vida es cuando trabajamos con gran esfuerzo y no vemos ningún resultado. Por ejemplo, meses de dura labor y un salario que no llega es algo tan decepcionante que poco a poco nos impulsa a renunciar. Eso mismo pasa cuando nos esforzamos por hacer lo bueno, lo que Dios nos dice que debemos hacer, pero vemos que no llegan los resultados esperados.

Alguna vez una joven de 17 años me contó la razón por la cual para ella es tan desalentador llegar a su casa después de un día de colegio: cuando ella tenía alrededor de 10 años sufrió una tremenda paliza por parte de su padre, quien no toleró que su hija, su única hija, dañara un aparato electrónico mientras jugaba. "Él era como un héroe para mí, lo admiraba", me dijo con un suspiro de tristeza que disfraza de grosería cuando está en casa con él.

Cuando vi el mar por primera vez, su brisa me rodeó con una cálida ternura, los colores del paisaje arrebataron mi alma y la dejaron volar sobre el arrullo de las olas... me encantó. Pero segundos después todo se oscureció: Regresó a mi mente un antiguo temor al agua... al ahogo... Recordé la terrible presión contra el pecho, el agua entrando por la nariz como fuego, la sensación de caer lentamente hasta la muerte... Y por unos instantes, dejé de disfrutar el regalo que Dios me estaba dando en ese día. Mas tarde, meditando en la Palabra de Dios (frente al mar), leí lo que le pasó a Pedro cuando a él también le dio miedo de morir ahogado.

Todos, en algún momento y de diferentes maneras, hemos actuado como aquel gatico que dijo: "¡Voy a volverme Pateta (diablo), / Y el que a impedirlo se meta / En el acto morirá!". Y si bien no hemos matado a nadie, cuando mamá nos dijo "¡Muchacho, no salgas!" hicimos un gesto y el regaño nos dio igual.

¿Sabe usted en dónde está su hijo o hija en este momento? Quizás sí sabe. Pero cuando llega la noche del viernes, por ejemplo, y su hijo o hija le dicen... "Me invitaron a tal lado..." Usted ¿Realmente sabe a dónde irán sus hijos? ¿Qué harán? ¿Con quién estarán? Permítame llamar su atención en cuanto a la relación con sus hijos, en cuanto a su intimidad con ellos... Porque sea que usted sepa o no en dónde andan sus hijos, todavía hay mucho que tener en cuenta.