Aprobada mediante Resolución No.1441-9 de Julio de 1998 Del Ministerio del Interior de Bogotá - Colombia.

     twitt1  you1face1

Video Prédica Semana Pasada

Agenda de Eventos CES

 
 

Lectura bíblica en (Génesis 3: 8-9: "Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. 9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?". 

Algunos lugares se parecen mucho a este primer jardín. Algo del verdor de la vegetación, la hora del día, o los sonidos de la naturaleza, todo esto provoca en nosotros un anhelo de experimentar lo que Adán y Eva disfrutaban todos los días: un paseo con Dios.

El mundo todavía nos provee un magnífico escenario donde conocer a Dios, pero algo ha cambiado. El cambio sucedió allá, en el jardín. Los primeros seres humanos renunciaron al placer de la compañía de Dios por sus propios intereses. Oyeron el sonido de Dios paseándose por el jardín, buscándoles, procurando disfrutar de su acostumbrado paseo. Pero ellos habían pecado. La culpa los dominó. Estaban avergonzados de encontrarse con Dios. Perdiendo la estrecha relación que tenían con ÉL, y desde entonces nosotros luchamos por recapturar esa cercanía.

 

Dios no se escondió del ser humano; fue todo lo contrario. Adán y Eva se escondieron avergonzados, temerosos y en rebelión. Pero dios vino a buscarles. Él sabía donde estaban, pero quería que ellos supieran que Él estaba dispuesto a procurar su compañía. Él conocía su desobediencia, sin embargo asistió a su cita con ellos.

 

¡Qué maravillosa amistad echaron a perder! ¡Qué paz perdieron! Aun así antes de criticarles, recordemos cuán fácilmente y cuán a menudo repetimos ese mismo error. Hacemos decisiones que nos alejan de Dios . Experimentamos sobrecogedores momentos en Su presencia que quisiéramos poder empaquetar y guardar, sin embargo, horas más tarde le damos la espalda, y tratamos de apagar su suave voz en nuestras vidas.

 

El poder en nuestra vida de oración fluye de la presencia de Dios en nosotros. No es nuestro poder, sino el Suyo. No podemos experimentar o ser testigos de ese poder si insistimos en nuestras propias agendas y programas. Debemos planificar y ser fieles a los lugares y momentos en que nos encontramos con Dios. Si intencionalmente no formamos nuestras vidas alrededor de estos <> con el Señor, el mundo, rápida e implacablemente, nos llenará nuestro tiempo con compromisos. Tal como lo hizo con Adán y Eva, Dios vendrá a buscarnos. Pero, ¡Cuánto mejor sería si Él nos encontrara esperándole ansiosos! Yo no quisiera que Él tuviera que preguntarme <<¿Dónde estás?>> ¿Y usted?

Valora este artículo
(0 votos)