Aprobada mediante Resolución No.1441-9 de Julio de 1998 Del Ministerio del Interior de Bogotá - Colombia.

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El origen del trabajo lo encontramos en nuestro Dios. Nos dio ejemplo, pues la Palabra en Génesis nos dice que seis días trabajó y vio que todo era bueno en gran manera. Le dio al hombre tareas específicas a desarrollar: el cuidado del Jardín del Edén, haciéndolo administrador, mayordomo.

Fue después del pecado, que el trabajo se volvió extenuante, agotador, tal como dice Gén 3:17-19 con el sudor de su rostro comería el pan.


Cuando el hombre trabaja en pro de la naturaleza desarrolla tecnología y esta a su vez muestra los avances culturales en pro de la humanidad. Cuantas cosas se han inventado a lo largo de la existencia humana que nos facilitan la vida en el día de hoy.

Por eso el trabajo es muy importante para los seres humanos. Es un rol esencial en la vida porque nos permite satisfacer las necesidades básicas y subsistir.

Sin nada que hacer, no existe motivación para vivir. Vemos que la historia de la civilización se ha construido gracias al trabajo de miles de millones de personas, porque el trabajo nos permite realizarnos.

Nuestro trabajo es bendecido por la honestidad y el empeño con que lo realizamos, es decir el cuidado y la responsabilidad, sabiendo que todo debemos hacerlo como para Dios, porque como hijos de El, debemos ser reconocidos por la responsabilidad, honradez, cumplimiento y nuestro buen trato para los demás.

En 2 Tesalonicenses 3:6-15, nos encontramos con el deber de trabajar. Hay una clara referencia a las personas que son indolentes o flojos. Muchos tesalonicenses habían dejado de trabajar porque creían que el Señor vendría pronto, por tanto, lo mejor que podrían hacer era dejar de trabajar. Por eso, el apóstol Pablo les recuerda que cuando él y sus compañeros estuvieron con ellos, trabajaron duro para no serles carga. De allí, la regla fue: "el que no trabaja, tampoco coma". Esto nos anima a nosotros a vivir responsablemente a pesar de las circunstancias difíciles que estemos viviendo en el día de hoy.

Recordemos siempre que el Señor no busca personas desocupadas, para que trabajen en Su obra, sino a quienes están ocupados. No podemos tener la excusa de decir: cuando tenga tiempo me dispondré a trabajar en la obra, porque lo más seguro es que nunca podrá servirle al Señor.

Aún en estos tiempos, tenemos el privilegio de trabajar en muchas actividades y también en la Obra del Señor y de eso, tenemos grandes testimonios para honra y gloria de nuestro Amado Padre.

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