Aprobada mediante Resolución No.1441-9 de Julio de 1998 Del Ministerio del Interior de Bogotá - Colombia.

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Cuando supe que sería papá sentí (en medio de muchos nervios y expectativas) una gratitud que iba aumentando con los días, pues me sentía honrado por el Creador, por el Padre Dios. Y comprendí que esa honra es una hermosa oportunidad para madurar, para dar el siguiente paso, pues como enseñó el pastor Adrián Rogers: "Es difícil ser un buen hombre. Es aún más difícil ser un buen esposo. Pero lo más difícil de todo es ser un buen padre. Y sin embargo el ser un buen padre es lo más importante".

Es muy probable que ese sea el punto crítico de las familias de hoy en día: la ausencia del hombre para asumir sus responsabilidades. Cobardía, inmadurez, dureza de corazón u otras razones dan como resultado la misma realidad: familias incompletas, como una mesa sin uno de sus apoyos. Para Dios, el hombre es "la cabeza del hogar" (Efesios 5:23) y nuestra responsabilidad comienza con Dios, sigue con nuestras esposas, nuestros hijos y, como resultado, con la sociedad.

Pienso que en general es el miedo a cumplir tan grande responsabilidad con éxito lo que a los hombres nos hace temblar. En mi caso, el miedo se debilitó cuando mi hija, al comenzar su segundo mes de nacida, sostuvo su mirada en la mía por cerca de cinco segundos y me sonrío. "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor" 1 Juan 4:18 (RVR1960). Solo el perfecto amor que da el Padre Dios logra hacernos valientes.

Entiendo que esto apenas comienza: vendrán años difíciles y complejos en la formación y educación de mi hija... pero también entiendo que lo primero es aceptar con gratitud esta noble responsabilidad; luego, amar mi rol con todo el corazón como cuando estoy trabajando en lo que me encanta... para después, a futuro, sentirme orgulloso y gozarme con los frutos de mi ejemplo en mis hijos pues... "Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud" Salmo 127:4 (RVR1960). Los hijos son nuestra proyección al futuro.

Esa es la alegría del padre: la valentía de levantar hijos con sabiduría para que sean exitosos en todo el sentido de la palabra y gozarnos como Dios se goza con nosotros: "No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad" 3 Juan 1:4 (RVR1960). Gracias al amor de Dios puedo permanecer en mi hogar, amar a mi esposa y a mis hijos sin temor, sin dudas, con la felicidad que da cumplir con mi responsabilidad.

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