Aprobada mediante Resolución No.1441-9 de Julio de 1998 Del Ministerio del Interior de Bogotá - Colombia.

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¿Somos felices los cristianos? La respuesta es SÍ. Aunque no somos exentos de pasar por grandes tristezas, por ejemplo, la pérdida de un ser querido o la pérdida del empleo, situaciones difíciles como enfermedades, crisis económicas, o también cuando reconocemos que hemos cometido pecado.

Es cierto que la culpa y el dolor nos invaden cuando pecamos – El ofender a un Dios tan bueno nos afecta, porque a pesar de anhelar estar bien con El, de continuo le fallamos.

El Salmo 51 es una oración sincera de David, después de haber cometido pecado tras pecado, tratando de ocultar sus malas acciones.

Los versículos 1 y 2 dicen: Ten piedad de mi, Oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.

El hace una súplica a Dios por misericordia, perdón y limpieza.

David estaba arrepentido por su adulterio con Betsabé y mucho más al reconocer que por cubrir ese pecado, maquinó asesinar a Urías, el esposo de ella. Sin pensar se fue enredando más y más.

Al ser confrontado David evoca dos atributos de Dios: PIEDAD Y MISERICORDIA.

"Ten Piedad", es un grito de desesperación, pidiendo auxilio al Único que podía dárselo.

"Conforme a tus misericordias", es la confianza en el amor de Dios. Así como una madre se preocupa cuando uno de sus hijos está en peligro, Dios también está atento y lleno de compasión cuando nos ve angustiados porque estamos cargados de pecados y vamos a Él a decirle: "Borra mis rebeliones".

El ve en nosotros el arrepentimiento por ofenderle y el deseo de estar en paz con El y con nuestra propia conciencia.

El "BORRAR", por parte de Dios es como si nunca hubiésemos pecado.

Aprendemos de David que es necesario acercarnos al Dios Padre Todopoderoso, para pedirle perdón cuando hayamos pecado, restaurar nuestra relación con El, porque necesitamos estar en Su Presencia con nuestros corazones limpios y espíritus renovados.

No permitamos que el pecado nos haga infelices, disfrutemos del gozo del perdón, y la felicidad de saber que somos hijos de Dios.

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